martes, 20 de enero de 2009

El invierno trae marejadas


Ya deben haber visto los pronósticos del tiempo. El mar está que se sale, literalmente, esta semana. Se anuncian para mañana olas de entre siete y ocho metros. Luego "bajará" un poco el tamaño hasta los cuatro o cinco metros, y el fin de semana vuelve a remontar. Lamentablemente, y siempre desde el punto de vista surfístico, esta crecida viene acompañada de mal tiempo y vientos cruzados, lo que no permite la práctica del surf.

Sin embargo, hay algunas playas que, por sus peculiares características geográficas, se mantienen a cierto resguardo de las olas y del viento (dependiendo, claro está, de la dirección desde donde este sople), y precisamente con estas condiciones extremas es que cobran vida algunas olas que, de otro modo, estarían dormidas. Es el caso de Laredo, esa extensa playa de Cantabria que, a menos de una hora de Bilbao, empieza a funcionar cuando todo lo demás está "insurfeable". Esta bien resguardada del viento norte y oeste, el viento sur no le pega mal y sólo el viento este le pega muy mal y arruina las olas que pudieran formarse. Cuando la marejada es realmente grande como la de mañana es posible surfear la esquina de la playa que está más hacia el oeste, muy protegida por una pared montañosa que frena el viento y las olas más grandes.

Es de esperar que la próxima semana calme un poco el viento y las olas se mantengan grandes durante unos días. De ser así, les recomiendo, a los que puedan hacerlo, que vayan a mirar a Meñakoz (cerca de Sopelana) o a Roca Gris (en Donosti) donde los expertos de olas grandes suelen surfear luego de los temporales. Otros lugares donde también se pueden ver a estos kamikazes es en en La Galea (Getxo) y algunos lugares de la costa cantábrica, pero es en los dos lugares que he mencionado donde se dan cita los mejores por la calidad de las olas que allí se producen y por la tradición de olas grandes que tienen.

Es una buena ocasión para capturar imágenes excepcionales, así que si se aventuran por la zona, sugiero que lleven la cámara.

Como ya les he contado anteriormente, dos excelentes páginas web para mirar el pronóstico del viento y las olas son:

Se me rompió el invento 1




Este blog debe su nombre, en parte, y como ya les he contado,a la gracia que me causó oír por primera vez cómo llamaban en España al artilugio que usamos los surfistas para estar unidos a la tabla. Ese implemento cuyo "invento" causó una revolución en el surf al permitir conservar la tabla cerca después de caerse de una ola, y que ha evolucionado hasta convertirse en lo que es hoy: un accesorio liviano, cómodo y utilísimo. No siempre fue así; los primeros "inventos" eran demasiado elásticos, lo que representaba un peligro para la integridad física de los innovadores que empezaron a usarlo, porque en aquellos tiempos las tablas eran de un material mucho más duro y además pesaban mucho más que ahora. Imagínense salir boqueando de un revolcón en busca de aire, sólo para ver tu tabla dirigirse hacia tu cabeza como un proyectil, impulsada por el bendito "invento"...Además los materiales usados no eran cómodo ni seguros, un revolcón muy fuerte podía rasguñarte el tobillo o romper el invento.

Pero eso es historia antigua. La otra razón por la que le puse este nombre al blog es a raíz de una experiencia que viví hace unos cuatro años en Punta de Lobos, una muy buena playa para surfear en Chile central. En aquel entonces practicaba casi todos los días y estaba mental y físicamente preparado para los días de olas grandes. Tenía un buen equipo y mucha motivación. Cada día empujaba un poquito más mis límites...Un día que salí de casa a mirar las condiciones encontré las olas con las que todos los surfistas soñamos. Nada de viento, el mar como el aceite y olas perfectas y grandes. Corrí a casa, saqué el equipo y me fui a mi playa favorita a ver qué encontraba. Cuando llegué, no lo creía, el mar estaba alucinante. Un amigo estaba chequeando las condiciones desde el mirador, dubitativo. No había nadie en el agua. Hablamos y decidió quedarse fuera.

No me gustó mucho la idea de entrar solo, pero tampoco iba a quedarme mirando. Me cambié, ya iniciando el trance en el que uno se va sumiendo cuando sabe lo que le espera allá abajo. Revisé el equipo, bajé la cuesta del mirador, ya totalmente concentrado y con el switch enchufado en modo "agua", y en cuanto hubo una calma salté para cruzar remando el canal que separa el continente de los morros desde donde hay que volver a trapar y saltar (es la mejor manera de llegar a la rompiente sin mucho esfuerzo; de lo contrario, la remada desde la playa y con corriente en contra puede ser muy difícil).

Fallé al subir a los morros y tuve que dar un largo rodeo, siempre remando, para llegar al mar abierto. Lo bueno es que habían calmas muy largas y poca corriente, no me costó nada remontar hasta el lugar donde empezaban a romper las olas. Mientras remontaba, pude apreciar el tamaño: 4 metros. Joder, eran las olas más grandes en las que había estado...pero tenía mucha confianza, era uno de esos días en que uno sabe que todo saldrá bien.

Después de haber pasado un par de olas que venían del fondo me coloqué en posición, esperando la siguiente serie. Cuando llegó, dejé pasar la primera ola. La de atrás, como pensé, venía con mejor forma y fuerza. Remé con toda mi alma, con toda mi convicción y con todas las horas, días, meses y años que había invertido en mi vida para poder tirarme de cabeza en una ola como esta. Surfear es una experiencia tan intensa que casi nunca uno recuerda nítidamente las olas que surfea, pero esta transcurrió en cámara lenta. Sentí cómo mi querida gun 7'7'' entraba perfectamente en la ola, temprano como debe ser, con tiempo para pararme con comodidad y empezar a cortar la pared como si fuera mantequilla, es que no había nada de viento...para mí el tiempo se suspendió, el mundo entero se suspendió...la pared de la ola delante de mí se levantaba enorme, pero yo iba lanzado, la 7'7'' a velocidad crucero, imparable...crucé toda la sección y pasé la parte crítica de la ola, sólo para ver cómo se volvía a levantar. Me acomodé, subí e hice un pequeño snap para volver a bajar...

Aquí está registrada la secuencia de ese momento, uno de los más intensos de mi vida como surfista.







martes, 13 de enero de 2009

¿Valle Chicama o Puerto Chicama?


Cuando tenía 19 o 20 años viajé por primera vez a Chicama. Esta playa del norte del Perú tiene la reputación de albergar la ola más larga del mundo, y para mí el viaje era un sueño cumplido. Dos de mis mejores amigos me estaban esperando desde el día anterior, y el viaje por tierra (diez horas en bus) se me hacía interminable. Me habían dicho que en Trujillo debía bajarme del bus y coger otro con dirección a Paiján. Una vez allí, nuevamente debía cambiar de transporte y coger un "colectivo" hasta Chicama, donde me uniría a mis broders.

Cuando el bus llegó a Trujillo desde Lima, le pregunté al conductor si, por esas casualidades de la vida, seguía camino hacia el norte y pasaba cerca de Chicama. -Paso por Chicama mismo-, me dijo el conductor. ¡Qué alegría! Me llevaba por el mismo precio que había pagado. Ya tenía un pequeño triunfo que contar a mis amigos, y me iba a ahorrar un tiempo valioso, además.

En aquella época el grupo terrorista "Sendero Luminoso" había cobrado mucha fuerza en el Perú y extensas zonas en provincias estaban militarizadas. Algunos lugares del norte eran "zona roja", o sea, zonas de extremo peligro donde no se podía circular sin autorización. En un momento dado, el conductor detuvo el bus y me dijo: -¡Ya llegamos! Chicama...- Miré por la ventana y no veía el mar por ningún lado, pero pensé que estaría a la vuelta de la esquina.

Una extraña sensación, sin embargo, me invadía. Cuando bajé del bus, con mi mochila y mi tabla de surf, esa sensación se agudizó. El aire estaba enrarecido, algo no cuadraba...bueno, lo primero que no cuadraba era que, evidentemente, le había errado medio a medio: este lugar estaba en ninguna parte, apto para sembrar semillas, labrar la tierra, qué se yo, pero de surf, nada. Me sentía (y estaba) totalmente fuera de lugar con mi tabla y mi ropa de playa, pero no era sólo eso lo que me intrigaba.

Muy pronto caí en cuenta: en el lugar no había ni un alma. Estaba en la calle principal de un pueblo pequeño, en mitad de mañana, y no volaban ni las moscas. De pronto se me acercó un hombrecillo que se puso a caminar a mi lado y a hablarme sin cesar, entusiasmadísimo con la presencia de lo que debía parecerle un marciano. Yo no le entendía nada , lo que a este campesino le importaba un comino, él lo que quería era hablar, hablar, hablar. A los dos minutos exactos se nos acercó un militar, muy nervioso y armado hasta los dientes, salido también de la nada, que le ordenó a mi nuevo amigo alejarse.

-¿Qué haces aquí?, Esto es zona roja. No puedes estar aquí-, me dijo.
-Estoy buscando Chicama...

Resultó que me habían llevado a Chicama valle, y yo quería ir a Chicama puerto, que en el norte todo el mundo (menos yo) conocía como Malabrigo. El militar me dijo que tenía que irme de inmediato. Detuvo al primer transporte que pasaba por allí que, por suerte, iba a Paiján, así que no tuve ningún problema para seguir camino hasta Malabrigo. Cuando llegué mis amigos estaban saliendo del hostal (¿hostal, digo? esto da para otra historia) ya con sus tablas rumbo a las olas.

Llegué justo a tiempo...¡ahora sí que tenía una historia! Ese día surfeamos cinco horas seguidas, completamente solos, y luego Malabrigo nos regaló uno de los atardeceres más hermosos de nuestras cortas vidas, echando unas risas y unas cervezas...


Ver mapa más grande

Fauna marina


Es muy habitual toparse, mientras se está esperando la siguiente serie de olas, con diversos animales que tienen su hábitat en las playas donde uno suele ir a surfear. Focas, lobos marinos, diversidad de aves, delfines, pingüinos (en Chile es muy habitual por la fría Corriente de Humboldt), etc.

Menos típico, pero no por ello menos tenido en cuenta, es encontrarse con un tiburón, aunque eso dependerá del lugar donde estés surfeando. Los tiburones abundan en las costas de California, Hawaii y Australia, aunque puedo decirles que estos escualos están por todos lados, son omnívoros y, al contrario de la creencia común, no son sólo de agua caliente...

Recuerdo una vez, hace unos años, en que fui a mi playa favorita (en Chile). Cuando ya tenía el traje de surf puesto se me acercó un amigo que me pregunta:

-Qué, ¿vas al agua?
-No, me estoy disfrazando para Helloween...¡claro que voy hombre!
-Es que ayer vieron un tiburón del tamaño de mi coche nadando al frente del "diamante".

El "diamante" es una piedra al lado de la que se surfea en esa playa, así que ya se imaginarán la impresión que me causó. Como ya tenía el traje puesto, me metí al agua. No había nadie, y yo remaba sólo con la punta de los dedos, mirando a todos lados como un paranoico. Generalmente es una buena noticia estar solo en el agua pero esta vez rezaba porque llegara alguien, quien sea, para dividir las probabilidades del ataque a un 50-50...

Más común es encontrarse con lobos marinos y sus crías, que son muy juguetonas y curiosas. Es muy bonito cuando se te acercan y empiezan a saltar alrededor tuyo, aunque hay que tener cuidado de no tocar a las crías porque casi siempre la madre está a pocos metros, y si han visto de cerca un lobo marino adulto sabrán que no conviene meterse con ellos. Otro día les contaré de mi encuentro cara a cara con Tyson, el peso pesado de los lobos marinos...

Les cuelgo una foto de Punta de Lobos, una playa en Chile muy buena para surfear y donde me encontré con lobos marinos (Tyson uno de ellos) muchísimas veces.

Viajes de surf


Nada más inherente a un surfista de corazón que viajar a buscar olas. Desde siempre los surfistas han buscado lugares con olas perfectas y lugares exóticos, especialmente porque las condiciones en la playa local no son siempre las mismas y a veces no se puede surfear, o simplemente por buscar lugares más cálidos o diferentes a la ola que uno está acostumbrado a surfear.

En estos días, planificar un viaje de surf se simplifica mucho con las herramientas informáticas que están al alcance de todos. Se puede calcular cuándo habrá mejores olas y, gracias a otros surfistas viajeros, se sabe en qué lugares se puede dormir y comer.

Están los viajes a playas cercanas que pueden durar un solo día, o se pueden atravesar océanos y hemisferios para, súbitamente, cambiar el gélido invierno por cálidas playas tropicales. Cada zona geográfica tiene sus temporadas ideales para practicar surf. Por ejemplo, la mejor época para ir a Indonesia y al Océano Índico es entre marzo y setiembre, en la época "seca", cuando los vientos tienen la dirección perfecta y el mar no para de bombear olas. En cambio, para ir al Caribe la mejor época es durante el invierno septentrional, cuando el Océano Atlántico presenta más actividad.

La costa occidental de Centroamérica tiene olas todo el año, porque recibe tanto las crecidas norte del invierno septentrional (o sea, justo ahora) como las crecidas del Pacífico Sur durante los meses de mayo-septiembre, aunque a partir de este mes empiezan las lluvias y es mejor buscar destinos más benévolos.

La costa oeste de Sudamérica es ideal entre marzo y octubre por su consistencia, aunque más al sur (Chile) se puede surfear todo el año, si estás dispuesto a soportar las gélidas aguas producidas por la Corriente del Humboldt que viene desde la Antártida...en fin, que cada región tiene su momento y sólo hay que saber cuándo ir. Todo el año se pueden coger olas increíbles con un poco de información.

Un sitio de internet que les recomiendo ciegamente es el de www.wannasurf.com. Aquí encontrarás un atlas mundial donde a medida que vas pinchando los mapas vas accediendo a distintas zonas geográficas, y en cada una de ellas aparecen las mejores olas para surfear y una detallada descripción de sus condiciones, accesibilidad, grado de peligro, distancias, etc. Utilísimo para planear un viaje.

Hoy los viajeros buscan lugares remotos donde no haya mucha gente y se pueda disfrutar mejor de las olas. Aquí les cuelgo un vídeo de Tom Curren (tres veces campeón mundial a finales de los años 80) surfeando completamente solo...en Rusia.

martes, 6 de enero de 2009

Saltadas


Por "saltar" una ola se entiende, en el mundo del surf, el hecho de coger una ola en la que ya viene un surfista. Les había comentado antes que una de las reglas de oro en el surf es la de que sólo puede ir un surfista en cada ola. Sucede que en algunos lugares hay tanta gente que las "saltadas" son la orden del día. Siempre son peligrosas, porque son inesperadas y pueden ocasionar accidentes. Si, además, se la haces a un local, ya puedes ir preparándote. Que te griten e insulten será el menor de tus problemas, especialmente si estás en lugares como Hawaii, California o la costa este de Australia.

Si le saltas una ola a alguien sin intención, debes salirte inmediatamente de ella de forma que no te pongas en peligro ni a ti ni al que viene surfeando. Si la ola está muy crítica, es mejor esperar un momento oportuno para salirse porque de lo contrario puedes chocar involuntariamente con el otro y hacerle daño a él o a su equipo. Las saltadas casi siempre arruinan la mejor sección de la ola, justo donde se pueden hacer las maniobras. El daño está hecho, pero corresponde que, en cuanto tengas la oportunidad, te disculpes con la persona a la que le saltaste. No es un buen momento para hacerse el chulo, especialmente si no eres del lugar, pero tampoco debes permitir que te falten el respeto. Hay que saber ser cortés pero firme. La cortesía bien aplicada y con la cabeza fría da resultados en el 99% de los casos.

Si alguien te salta una ola a ti, tómatelo con calma. Lo mejor es esperar la disculpa del otro antes que recriminarlo en voz alta y delante de todo el mundo, porque sólo generarás más tensión. Usualmente el "salteador" se te acerca y te pide disculpas y es de caballeros aceptarlas. También tienes que ver el contexto en el que te encuentras, si estás en una playa que no es la tuya, o si el tipo es un buscaproblemas, etc. En fin, el sentido común (el menos común de los sentidos, dice un amigo) impera en estas circunstancias. Aplícalo siempre y tus sesiones de surf serán más placenteras.

Como anécdota, les confiaré que mi experiencia personal como surfista me ha llevado por muchos lugares en busca de olas, y nunca he visto un lugar donde se hagan tantas "saltadas" como en Mundaka. Sí, Euskadi. Aquí les cuelgo un vídeo para que me crean.

Localismo


En el post anterior les contaba que una de las reglas básicas del surf es no coger una ola en la que ya viene otro surfista. En condiciones ideales, esta regla es sagrada, pero sucede que, desde hace unos años, el surf ha venido experimentando un "boom" de popularidad que ha provocado que, en algunos lugares, haya demasiada cantidad de gente en el agua. Esta situación es especialmente molesta para los locales, que ven cómo su lugar favorito se llena de visitantes que, muchas veces, no conocen las reglas básicas de etiqueta surfística y no respetan a los lugareños. Como consecuencia de ello, en las playas más concurridas los locales "pasan" de respetar algunas de estas reglas y cogen olas en las que ya hay un surfista.

Esto sucede porque los muchos visitantes suelen violar otra regla muy importante del surf: respeta a los locales. Cuando uno va a una playa de visita a surfear, lo primero que tiene que hacer es fijarse en el "orden" que existe en el agua. Hay que mirar quién domina el pico, quiénes son locales y quiénes no, chequear la "vibra" que existe en ese momento y saludar siempre a los que ya están en el agua (basta un asentimiento de cabeza).

Hay ciertos lugares que se sobrepueblan de gente, especialmente en verano. Es el caso de Hawaii, meca de surf y centro de peregrinación donde quiere llegar, alguna vez en su vida, todo surfista. Ocurre que los locales hawaiianos están aburridos de estas invasiones que, verdaderamente, son hordas de gente que llegan cada año a estas costas. Las reglas en estas islas son especialmente duras para los visitantes: el respeto a los locales debe ser máximo y las consecuencias si no las acatas no se hacen esperar. Es uno de los lugares más peligrosos del mundo surfístico para faltarles el respeto a los lugareños, porque son muy agresivos (y bastante grandes, además). Las peleas dentro del agua son cosa común y nadie osa interponerse cuando un hawaiiano aplica un "correctivo" a algún despistado que se las dé de valiente.

Ser local no es lo mismo que el "localismo". Esta última palabra se refiere a actitudes agresivas y antisociales adoptadas por algunos locales en algunas playas del mundo donde la sobrepoblación de surfistas genera tensiones que explotan de manera violenta. Hay muchas expresiones de localismo. En Estados Unidos ha llegado a niveles que por aquí todavía no se ven (neumáticos pinchados, pintadas en los coches, excremento en la manilla de la puerta, etc.). Puede ser bastante brutal y está tomando tal proporción que en algunos lugares como California se está intentando generar un cuerpo legal que regule de alguna manera el comportamiento de los surfistas.

Mientras estas regulaciones no existan, seguiremos viendo escenas lamentables de violencia en este deporte, como la que se ve en el vídeo que les cuelgo (ocurrida en la playa de Pipeline, en Hawaii).

Reglas no escritas del surf


Existen varias reglas no escritas que rigen la tribu surfística. Fenómeno muy interesante que ya ha dado pie a más de una facultad de Sociología para abrir asignaturas que estudian cómo surgen y se respetan estas "leyes" por las que los surfistas se rigen. Una de las más importantes es la regla que se podría enunciar como "una ola, un surfista". Es tal como se lee: una ola sólo puede ser surfeada por un surfista a la vez. Si un surfista ve que viene otro ya en ola, debe abstenerse de intentar surfearla, y si se tiró sin darse cuenta de que venía otro surfista, debe dejar la ola para que el que venía primero no sea interrumpido. La razón más importante es evitar accidentes, pues dos o más personas en la misma ola pueden chocar, y mas aún si una de ellas es novata.

Pero, ¿cómo saber quién tiene el derecho si ambos (o tres, o cuatro) se lanzan al mismo tiempo? Regla no escrita Nº 2: La ola es de quien está más cerca de la parte más crítica de la ola, es decir, más cerca de donde esta viene rompiendo. Por ello es que los surfistas suelen hacer el "drop" o bajada en esa parte y la competencia por las olas (regla básica de economía: un bien escaso apetecido por muchos demandantes genera competencia) ha hecho que hoy los surfistas bajen olas con una técnica increíble en lugares de esta que antes se creían imposibles.

Esta última regla admite una variante muy discutida y, a veces, poco entendida por los surfistas más inexpertos: es posible que un surfista coja la ola en la parte más crítica, pero la ola será de aquel que, estando muy cerca de él, se pare primero sobre su tabla. Para entender esto último hay que tener en cuenta que estas situaciones (coger olas estando los surfistas muy cerca unos de otros) suceden cuando hay mucha gente en el agua y hay que "pelear" para ganarse una ola.

Así, puede suceder que un surfista inexperto esté más cerca de la parte crítica, pero tarde mucho en ponerse de pie sobre su tabla. En el intertanto, un surfista avezado ya se habrá parado y hecho una maniobra (o dos)...Esto suele molestar mucho al que se quedó sin ola pero, como en la selva, y especialmente cuando la cantidad de surfistas hace muy difícil surfear con comodidad y espacio, rige la ley del más fuerte (es decir, el más hábil).

Los problemas aparecen cuando los dos son buenos surfistas y uno le "roba" la ola al otro cruzándosele por delante para colocarse en la zona de prioridad. Esta maniobra se conoce como "la hawaiiana" y es una falta total de etiquera surfística. Sin embargo, y dadas las difíciles condiciones de saturación de personas en algunas rompientes muy apetecidas (ejemplo local: Mundaka), cada vez sucede más a menudo y es origen de disputas y hasta peleas a golpes.

En otro post les contaré más de estas reglas. Por ahora, les cuelgo este vídeo para que vean lo que puede pasar cuando dos personas van en la misma ola.